martes, 25 de agosto de 2009

vive.

Hola.
Venía a decir que... no he muerto. Puede que parezca que lo he hecho pero sigo viva y coleando. No paro quieta, de hecho. Creo que algo se ha colado dentro de mí y no me deja conformarme sólo con éste mundo. Siempre supe que todo esto no es lo suficientemente grande como para perderme del todo. En fin, el asunto es que hace unas dos semanas que volví de viajar por Europa y aún no me acostumbro al cambio: a vivir aquí, a estar aquí, a saber que voy a permanecer durante otra larga teporada en un aquí tan... definido. Me agobio un poco, sinceramente todo éste asunto me angustia una barbaridad. Es que... ha sido maravilloso ¿sabéis? Maravilloso al cuadrado. Viajar en tren, no tener límites, concoer la libertad, sin límite de espacio. Eso ya, ahora mismo, es difícil de ver. Porque he vivido: He conocido fugitivos, y tocado el hielo de un glaciar en los Alpes, he reído, he metido al pata, he conocido gente. He visto cómo se hace negocio con algo tan terrible como el muro de Berlín. He visto la lista de judíos que murieron en Praga que llena paredes, y he caminado por sus calles y me he enamorado repetidas veces de hombres con los que jamás hablé. He cruzado el mar en tren. Y he improvisado, y caminado entre prostituas holandesas que hablaban español. He llegdo a París y caminado por el sena, aunque en ningçun momento planease hacerlo. He vuelto a casa y me quiero volver a ir.
Escribí una vez en esa novela que creo que nunca terminaré, que Postal y Cereza viajaban por éste mundo y se enamoraban de él. Nunca pensé que tuviera dotes, adivintaorias, ni mucho menos, pero he caído a los pies de Europa. Maldito viejo continente que encandila. Así que ya ves, vengo enamorada de una mujer que nunca me corresponderá.
Pero lo peor no es eso. Lo peor viene ahora, cuando recuerdo y siento los ausencias. Nunca lo he comentado pero no me gusta sentir ausencias, y por eso escribo sobre ellas. La ausencia de Postal, la de la libertad, la del tiempo, la ausencia de un mundo que no tenga límites, ni fronteras. Si viviese en el siglo XIX me habría montado en un barco que me llevase hasta dónde nadie había llegado, había tanto por descubrir por entonces. Tendría que haber sido una chica rica para todo eso, pero bueno, soñar sigue siendo gratis. La verdad es que ahora comprendo un poco mejor a los emperadores que, como Napoleón, quisieron hacer de Europa su posesión. Tenerla presente, fueses donde fueses, contigo. Y luego hacerte con el mundo, ya no por el hecho de poseer sino por algo más íntimo: dejar algo de ti en todas partes, y que todas partes dejen en ti algo. Es una sensación increíble, de esas que te hacen cerrar los ojos y disfrutar del momento. Yo lo comparo con el chocolate, tú, si quieres, puedes compararlo con el sexo.
A todo esto, no pretendo dar clases existenciales como si en vez de dieciocho años tuviese ciento cuarenta. No me van esos rollos. Carpe Diem. Tempus fugit. estoy convencida de que los conocéis todos. Horacio fue un poco pesado con el tema cuando escribió sobre el asunto. Bueno, al lío.... que como he dicho sólo quería hacer notar que sigo viva, más viva que nunca.

3 comentarios:

Violetcarsons dijo...

Mezclas mucha clase a la vez de expresiones propia...me gusta :)

Vc.

Elena Corujo Simón dijo...

me alegro de que éstes viva, de que nos des tanta vida cuando vienes y puesto que el tempus fugit viajemos mientras sea posible

Lucía Corujo dijo...

Hola. Soy la hermana de la Elena que te ha comentado antes que yo. Me ha dicho que me pasara por aquí, porque a mi el año pasado se me frustó un Interrail...
Es genial viajar por distintos países y conocer distintas culturas, y si tanto te gusta, puedes plantearte una profesión que conlleve todo eso.
Suerte!