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sábado, 2 de mayo de 2009

amor se llama el juego.

Lo nuestro es como un tornado. Sé que crees que estoy como una regadera, y que esta vez yo no he sido yo quien ha gando la partida. Ahora quiero confesar que el mundo me come en cada esquina. Pero puedo coger un tren y olvidarte, - que nunca supe dar promesas - porque un corazón no late bien cuando le golpea la exigencia. Y como sé eso, camino despacito y sin torcerme, y hago horas de estudio con ojeras. hojas de apuntes sobre la mesa, el móvil que suena, el alcohol, y las risas en la calle mientras amanace, que la vida son dos días. ¿Por qué no ir a buscar a la piscina una sirena? Alguien que cruce ríos sin ahogarse y cante canciones que no recuerden a nadie. Y yo a mis 18 años todavía sigo nadando. Me dejé las alas en el alféizar, e intenté tantas veces cruzar el río a nado que dejé de contar las veces en que me he ahogado. Ya no lloro por cosas que no valen la pena, porque vivo en la dictaura de la primavera. Ahora vuelvo a defender que el amor no existe, que se acaba como sea acaba el tiempo. Como acaba el curso. Como acaban los días grises de rock y tristeza. Punto final del párrafo de mi adolescencia. Que abren más puertas los labios del pecado que los besos que no se han dado. Y escucha una cosa que te voy a decir, -aunque te duela el alma como me duele a mí - y es que no puedo enamorarme de ti. Que viviemos en planos diferentes,. que repaso dia a día la gramática de nuestra historia, y se te olvidó ponerme los acentos en los pretéritos perfectos. Anda, voy a dejarme de tonterías, y mejor os cuento la historia del chico que corría, y nunc ale enseñaron a nadar, y la de la chica que huía de espejismos y horas de más. O mejor os cuento que cuando intento salvarte, terminó ahogándome yo por no poder hacer nada. Pero me arriegso porque sino hacemos algo, el hielo durará mil años.

martes, 22 de julio de 2008

Imaginario.

Tenía que contarte que yo sí soy capaz de encontrarte en cada mota de polvo. Y también en el silecio, joder, y en los castaños de todos los parques y todas las montañas del mundo, y en todos los putos lugares que me hubiese gustado visitar contigo, porque es que... es que joder, yo te quería, y tú me querias cuando yo dejé de quererte y ahora te vuelvo a querer cuando tú ya no me quieres y es uno de esos malditos círculos viciosos que no terminan bien, como cuando juegas a la oca y vuelves a caer en la muerte una y otra vez. Una historia antipática, como los cuentos de Oscar Wilde. Porque te siento en cada banco en el que pudimos habernos sentados y no lo hicimos, y en todos los paseos que me doy solita, buscando en cada esquina un príncipe azul, un músico bohemio, o un escritor enamorado, y esperando... esperando qué sé yo, un milagro, una sonrisa, un poema de esos que leo en mi cama, o simplemente esperándote a ti. O esperando olvidarte. Y eso está bien, lo de olvidarte, digo. Ya sabes que ése es mi banda sonora: vivir contigo y luego sin ti, contigo, y luego sin ti. Y eso jode, porque es que resulta que aunque sólo existas en mi cabecita, eres un puñetero gilipollas y yo una estúpida que se pilla de lo que no existe. Aún así yo quería comentarte que te veo escribiendo mi nombre con tiza en la pared, y regalándome libros de poesías por mi cumpleaños, subidos a la rama de un árbol, mientras leemos a Cumming en inglés y uno de los dos sopla en el otro al oído. Pero nunca pasa, y nunca va a pasar, dado que eres la palabra fin en braille porque nunca te he visto en realidad, y noto que estás en todos los finales agridulces que leo.
Me gustaría decirte que eres la mejor persona que he conocido si realmente lo hiciera, aunque estuviste en todos y en ninguno, en las manos de todos los dependientes de librerías, en el aliento de todos los chicos de bufanda roja y gabardina negra, en las palabras de los estudiosos, en la sonrisa de los adorables, en los de los ajenos, y en las canciones de Sabina, pero a ninguno les quiero como a ti.
Aún así no esperes que te vaya a buscar a un aeropuerto, al tren o a llamarte por teléfono. No esperes que guarde una foto tuya en mi cartera, ni esperes que estemos en un ascensor y te libre del silencio con un beso. No me esperes con zapatos de cristal en un baile ni mucho menos que vuelva a escribirte una carat de amor imaginario. Es muy descortés que los sueños no respondan. Y hablando de soñar, has desaparecido de mis noches y ims nebulosas, y que sepas que ya no te echo de menos, así que no me mires con esa cara de niño pequeño, porque sé leer la tinta invisible de tus gestos, y puedo decir ahora que casi ni te quiero.

Y... yo solo quería contarte esto.